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jueves, marzo 20, 2008

Historia de una Q

Te recuerdo llenando la habitación con juguetes, mirando de rato en rato los dibujos por televisión, dirigiéndote a “ellos y a ellas” para que cumplan misiones importantes.

Los que pasaban por tu reino a saludar ¿Qué pensaban? No exigías compañía, con “ellos y ellas” te bastaba, era demasiado entretenido ser la reina de la habitación, que tus súbditos obedecieran y siguieran al detalle tus instrucciones.

De rato en rato querías un poco de atención de aquellos que habitaban fuera de tus dominios, los llamabas para asegurarte que no estabas sola y luego continuabas con tus quehaceres de gobernante.

Los extranjeros comprendían bien las reglas de tu reino, una vez dentro de tus dominios tenían que seguir al pie de la letra cada misión encomendada y no perder el hilo de la historia que tratabas de contar.


Solo dejabas tu reino cuando tenías viajes diplomáticos y cuando querías investigar como vivían otros. El espíritu aventurero siempre ha estado presente en ti, quieres a tu reino pero sabes que algunas veces tendrás que partir a respirar nuevos aires y a satisfacer tu curiosidad.





lunes, junio 18, 2007

Reflexiones

*¿Qué es mejor? ¿Tener que pensar cada paso antes de darlo o simplemente actuar y vivir? ¿Esconderte por el miedo y el dolor para no salir lastimado?¿Mostrar una careta de bienestar para que los demás piensen que eres féliz?

Si tuviera la respuesta tal vez no estaría escribiendo mis dudas existenciales en un papel. Muchas veces he actuado por impulsos, por simples ganas y emoción, y tal vez he obtenido momentos agradables de intensa felicidad, pero tan sólo han sido momentos.

¿La vida se hace de momentos? Algunas personas pueden decir que es cierto, yo puedo decir que es verdad que no existe la felicidad absoluta, no existe un cielo en la Tierra...

¿Por qué me pongo tantas trabas para ser feliz? Se supone que yo soy la única responsable de mi felicidad, la que busca incansablemente ser feliz, la que no teme luchar hasta encontrarla, pero hay días que siento que no doy más, que me levanto y quiero recibir todo lo que me falta.

Sí, soy egoísta, lo sé, pero a veces creo que no hay nada más que pueda hacer.
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Ya ni talento para escribir tengo, ni sé si lo tuve alguna vez...


* Estas líneas las escribí en 1998 cuando tenía 17 años y muchas dudas rondando mi cabeza. Las he copiado textualmente, solo he corregido un poco la ortografía y la gramática.
Me doy cuenta que he madurado, pero en el fondo mi esencia ha quedado intacta con el paso del tiempo, sigo siendo la chica que busca su felicidad incasablemente, pero hoy en día me pongo menos trabas para ser feliz y hace mucho que tengo más confianza en que puedo alcanzar todo lo que quiero si me lo propongo de verdad.

sábado, junio 16, 2007

Un fábula escrita en 1998

La diosa Madre creó la Tierra, la naturaleza, los mares y la vida. Para cuidar todo los creado puso una raza de individuos inferiores llamados hombres. Ellos eran bellos e inteligentes, no conocían el dolor pero tampoco sabían el significado del amor. Solo se dedicaban sumisos y pacíficos a cuidar la creación.

Un día la hija predilecta de la diosa Madre, Xianare, se enamoró de uno de aquellos hombres, que se dedicaba al cuidado de los jazmínes. Xianare, a pesar de su condición de diosa, decidió acercarse a ese hombre, pero él lleno de miedo salió huyendo. Xianaré intentó cuidadosamente acercarse en repetidas ocasiones, pero este hombre no entendía porque la hija de la diosa suprema quería estar a su lado.

Cuando la diosa Madre se enteró de la intenciones de su hija, decidió crear a las mujeres y al amor. Los envío a la Tierra con el propósito de que el cuidador de jazmínes encontrara una pareja de su misma condición. Pensó que de esta manera Xianare se olvidaría de él, pero no fue así.

Aquel hombre encontró a una joven silvestre para amar. Xianare lloró lágrimas de amargura y desilusión al ver a la pareja dichosa y por esta razón decidió convertirse en herida para poder impregnarse en aquel hombre. Desde ese momento ella siempre estaría a su lado.

El cuidador de jazmínes tuvo mucha decendencia y sus hijos con el paso del tiempo también tuvieron heridas. Y fue así como los hombres y las mujeres conocieron el dolor, producto del amor no correspondido de una diosa.