domingo, julio 29, 2007

Jacinta Pichimahuida hoy se siente contenta

Honestidad pura, si por algo se le quiere -y se le odia- es porque no anda con medias tintas, siempre dice lo que piensa y no le importa si los demás están de acuerdo con él.

No dice las cosas por agradar y eso lo supe desde el primer día que entré a su salón de clases. Este hombre de más de sesenta, apasionado por el teatro, contestatario, honesto y engreidor es Alonso Alegría . El profesor que andaba en poncho por los pasillos de la facultad, apodado por algunos palomillas como "El amo del calabozo", simplemente Alonso para sus alumnos, colegas y amigos de toda edad.

Un profesor que siempre supo como motivarnos, como empujarnos a ver más allá del salón de clases. Durante tres ciclos lo que más disfrutaba era asistir a sus clases de dramaturgía. A él no le bastaban las horas reglamentarias, se podía quedar con nosotros una, dos, tres, "n" horas más hasta que termináramos de presentar nuestros libretos.

Nunca olvidaré su legendario exámen que duraba toda una tarde de sábado, él siempre nos permitía utilizar todo el material de consulta disponible porque no se trataba de un examen donde respondías de paporreta sino para desarrollar utilizando las herramientas que te había dado en clase.

No solo nos apoyaba en dramaturgía, también participó como actor en varios de nuestros cortos, fue comentarista en debates de radio y hasta personaje a fotografiar en el curso de documental.
Fue uno de los pocos profesores que vi participando en una sesión estudiantil, escuchando lo que los alumnos de la facultad tenían que decir y también participando en nuestras fiestas y comilonas. No tenía problemas en compartir sus cigarros Rothmans con nosotros, pero ese vicio "ya fue", desde que le colocaron un by-pass en el corazón allá por el año 2003.

Tener noticias suyas hoy me hizo muy feliz, sobretodo a través de un testimonio que escribió en la sección Dominical de El Comercio. En esta edición se hizo una conmemoración sobre los 40 años de la muerte de su padre, el escritor Ciro Alegría.

Alonso con la honestidad de siempre, sin nada de cursilerias pero de un modo entrañable escribe una crónica sobre el primer encuentro que tuvo con su padre (El día que a mi padre le dije tío).

8 comentarios:

RacuRock dijo...

siempre hay profes que impactan.. yo tambien tuve unos que eran buenasos y tambien malasos.. suerte

Dragón del 96 dijo...

Son pocos los profes que marcan a uno de por vida. Yo podria contar a tres de cientos que he tenido.

Slaudos.

Chien dijo...

Si son pocos los prefesores que marcan de por vida... recuerdo un profesor cuando estudié Admón. de Empresas a principio de los 90´s que aún lo recuerdo, pero es que si que me enseñó mucho...
Saludos

Mafa dijo...

Racurock: Si pues hay buenos y malos, y uno siempre los recuerda.

Dragón: Pero por lo menos tuviste 3. Eso es bastante!! Slaudos

Chien:Que bueno que tuviste un Alonso también. Saluditos

El perro andaluz dijo...

Aunque no es santo de mi devoción debo reconocer que la crónica sobre su padre fue todo un deleite.
Besitos.

TRuLy dijo...




Yo no se porque pero siempre los profes me querian levantar en el colegio... ah tb en el college jijiji..


Alucina que en 5to hubo uno que les dijo a los de mi salon que los aprobaba sin hacer clases si conseguian que yo salga con el... jaaaaaaaaa!


Mafa dijo...

Allan: Muy buena crónica!!!!Besitos

Truly: Una leyenda urbana cuenta que en una kermesse un profe de historia estaba medio zampado y empezó a echarme flores delante un grupo de madre de familias. Yo no estuve presente me lo contó la mamá de una amiga. Cuando volví de vacaciones ya no vi más ese profe. Un beso calentón.

schatz67 dijo...

Dear Mafa,

El gordito tampoco es santo de mi devoción.Sus apreciaciones teatrales no guardan un equilibrio y muchas veces tienen sesgos de antipatías y rencillas personales que el lleva con algunas personas del medio local.

Como sea lo importante es lo que compartió contigo en las aulas.Y claro esta,la inspirada crónica sobre el tremendo escritor que fue su padre,Ciro Alegría.

Un abrazo

Schatz